Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.


AVISO LEGAL

De conformidad con lo establecido en el artículo 5º de la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, se informa que la publicación de los datos e imágenes contenidos en este Blog son responsabilidad de sus autores. Para ejercitar los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición, pueden hacerlo en la siguiente dirección de correo electrónico: towara88@yahoo.es

http://avisolegaljinetes.blogspot.com.es/


14/5/18

UN CORAZÓN VALIENTE: TENIENTE ARTURO MUÑOZ CASTELLANOS





















Teniente Arturo Muñoz Castellanos


El plasma sanguíneo había llegado dos días antes al helipuerto de Metkovic, una pequeña localidad costera, justo en la frontera entre Croacia y Bosnia-Herzegovina en la desembocadura del río Neretva, donde éste pierde su color esmeralda dejándose arrastrar sin remedio posible hacia el mar Adriático.

La sangre que hace latir corazones y es la luz y el prodigio del existir llegó desde el aire. No había pocos heridos y agonizantes que, agarrados a esa única esperanza, soñaban con que llegara el plasma sanguíneo y los medicamentos, que tanta falta les hacían a los dos hospitales de una Mostar en guerra, situados uno a cada lado de la línea de confrontación: el hospital bosnio-musulmán y el hospital bosnio-croata; y eso que nadie ignora que la sangre no pide documentación ni papeles para entregar la vida, ni distingue razas ni religiones, ni hace preguntas cuya respuesta sea el odio.


Eso no lo hacía la sangre que llevaba Arturo, ni por dentro en las venas, ni por fuera, en los camiones después de recoger el plasma sanguíneo y los medicamentos en el helipuerto de Metkovic. Ya lo había demostrado cuando, pocos días antes, el día 3 de mayo, tuvo que proteger a refugiados musulmanes en el itinerario Jablanica-Konjic de las Fuerzas bosnio-croatas; y cuando, cuatro días después, el día 7 de mayo le tocó proteger a civiles croatas procedentes del ataque a Rodesine de Fuerzas bosnio-musulmanas. La Legión no distingue, diría Arturo, ni a los pobres, ni a los ricos, ni a los grandes ni a los chicos. Protege a todos. Ésa es la Legión. Y allá estaba con sus Legionarios de la 2ª Sección de la Compañía “Alba”.


El día 10 de mayo de 1993, Arturo recibió la orden de ir a recoger la sangre, su sangre, a Metkovic. La recogieron sin novedad y, por carretera, la llevaron a la Base de Medjugorje, donde les esperaban los contenedores para guardarla. No sabía que el día 11 de mayo, venía marcado en su calendario con la traza que impone el destino a los valientes. Así que se fue a descansar sin saber las heridas, que valen un mundo, que caerían sobre su piel al día siguiente.



Esa noche era calurosa y apetecía pasear para aprovechar el frescor de la caída del sol, entre árboles, por la colina de aquel antiguo Camping que ahora servía de Base a los españoles. Arturo sabía que allí al viento del sur lo llamaban Yugo y al del norte Bora, o algo parecido. Y asoció Yugoslavia al viento del sur, allá donde vivían los eslavos del sur; y el Bora, al viento boreal y frío del norte. Esa noche soplaba viento del sur, el Yugo, y las aguas esmeraldas del río Neretva empezaron a oscurecerse escondiéndose entre sus propias sombras.

Ya sabe que a la ruta del Neretva la llaman “la ruta de la muerte”, porque en Mostar se acaba de abrir un frente en el que las partes se emplean con ferocidad y dureza; mientras miles de civiles no combatientes se encuentran atrapados, prisioneros entre cristales rotos, muros derruidos y un continuo fuego de fusilería y morteros que traen heridas sin forma en los corazones, haciendo preguntas cuya única respuesta es el odio.

Y llega el día 11 de mayo, que el Teniente Arturo Muñoz Castellanos anota con lápiz terrible en su cuaderno: La Sección sale a las 11:35 de la Base de Medjugorje, dirección a Mostar, primero pasará por el hospital bosnio-croata a dejar plasma sanguíneo y medicamentos y luego hará lo mismo con el hospital bosnio-musulmán.

Sabe, porque lo vivió, que el día 9 de mayo la carretera de Dracevo a Jablanica estaba cerrada a la altura de Mostar debido a los violentos combates; es por eso por lo que aquella mañana es agregado con su Unidad a la Compañía “Austria” para intentar abrir de nuevo el itinerario hasta Jablanica. Así que no le va a sorprender cuanto va a encontrarse allí.




El Neretva los conduce entre túneles, curvas sinuosas y un valle impetuoso que sostiene a la carretera, arañada por las explosiones que la desgarran sin convencimiento pero con ira. El no sabrá nunca que “la ruta de la muerte”, después de muchas escoltas, de mucho trabajo interponiéndose entre los contendientes, pronto se llamará “la ruta de la vida” y, más tarde, conforme pasen las aventuras y los días, los bosnios la llamarán “la ruta de los españoles”.

Los vehículos entran en el bulevar y lo cruzan, sabiendo que dentro de Mostar hay poca sangre y mucho fuego; y los Legionarios se dirigen a Mostar y a sus hospitales a dar mucha sangre y a interponerse entre los contendientes para que haya poco fuego.

Entran por el barrio de Donja Mahala, y suben por Gojka Vukovica. El río Neretva, con su eterno color esmeralda, esperaba paciente, como siempre hizo a lo largo de los siglos. El convoy que manda Arturo consigue alcanzar el hospital bosnio-croata y descargar la mitad del plasma sanguíneo y los medicamentos en su primer destino y recoger a un civil herido, todo ello con intensísimo fuego de morteros y fusilería.

El aire se llena de polvo y arena mientras enfocan el camino al hospital bosnio-musulmán para descargar la sangre y los medicamentos que les corresponden, mientras desde posiciones bosnio-croatas del HVO caen, sin número, granadas de mortero, y el aire se llena de metralla.

Mientras descargan el material en el hospital bosnio-musulmán ve a un civil herido, y decide llevárselo. Como con el vehículo no puede acceder debido a las barricadas y la destrucción tiene que hacerlo a pie. Y lo hace. Deja los vehículos a cubierto y se va a por él. El fuego continúa siendo muy intenso. Cuando regresa a los vehículos, una de las muchas granadas de mortero que les cayeron durante el trayecto lo alcanza, dejándolo malherido, con los brazos como dos alas, junto al hospital donde había dejado la sangre que llevaba para dar vida y entregando también la suya y los veintiocho años que tiene. Su mujer, en Ceuta, todavía no sabe que Arturo está herido, y en ese momento mira el anillo que le regaló poco antes de partir a Bosnia. Tardará muchos años en volver a ponérselo.


Los médicos musulmanes son los primeros que lo atienden y ponen todas las ganas en salvar al Casco Azul español que acaba de dejarles sangre y medicamentos suficientes para salvar muchas vidas; además, los médicos de los hospitales en guerra saben que las heridas tampoco entienden de idiomas o religiones, y que la metralla desgarra la carne de la misma manera sin importar otra cosa que no sea la misma carne.

Partió con vida para España y cuando lo llevaron al hospital Gómez Ulla empezó a repartir un corazón, dos pulmones, dos riñones, un hígado, a todo aquel que pudiera hacerle falta. Como era de prever su corazón sigue vivo, y debe de ser fácil distinguirlo a la primera cuando ande por la calle en otro cuerpo, porque debe diferenciarse a la primera cuando alguien lleva dentro un corazón valiente.

Nota: Las fotografías de esta entrada corresponden al carrete que llevaba ese fatal día el Teniente Muñoz Castellanos en su cámara fotográfica y que han sido cedidas por su viuda.




Francisco Javier de la Uz Jiménez

10/5/18

CÓMO EL CABALLO CAMBIÓ EL DEVENIR DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD


















La Estepa Euroasiática se convirtió durante 5.000 años gracias a los equinos en una macro autopista que permitió intercambios comerciales, genéticos y lingüísticos.


Imagen de un documental sobre la domesticación del caballo que reconstruye el asentamiento Botai. (Clearwater Dcoumentary)

Hace 5.000 años la Estepa Euroasiática, las vastas praderas que se extienden a lo largo de 8.000 km desde Ucrania a través de Kazajistán y hasta Mongolia, se convirtieron en una especie de autopista masiva. Por ella transitaron decenas de grupos humanos de Europa hacia Asia y viceversa, que llevaron consigo patógenos, como el virus de la hepatitis o la bacteria de la peste, pero también lenguas y cultura y conocimientos de domesticación de animales. Algunos se mezclaron y dejaron su impronta genética en las poblaciones locales; otros, en cambio, las reemplazaron por completo.


Este es, sin duda, el caso de dinámicas de población más extremo que se conoce, en el que unas poblaciones reemplazan a otras en un periodo muy corto de tiempo”, considera el genetista evolutivo Eske Willerslev, director del Centro de Geogenética del Museo de Historia Natural de Dinamarca. “Y fueron realmente los caballos los que atizaron esta dinámica. Estos animales transformaron, sin duda, el mundo de los humanos en muy poco tiempo”.

En este sentido, esta semana las dos revistas científicas de mayor impacto, Nature y Science, publican tres investigaciones lideradas por un equipo de científicos daneses con Willerslev al frente, que arrojan luz sobre la historia completa de esta zona, desde la Edad de Bronce hasta la época Medieval, y destacan cómo la domesticación del caballo fue el elemento clave que permitió la expansión y el intercambio de grupos humanos a través de la Estepa entre los dos Continentes. Estas investigaciones constituyen, además, el mayor estudio de genoma antiguo realizado hasta la fecha.


Imagen de un documental sobre la domesticación del caballo que reconstruye el asentamiento Botai. (Clearwater Documentary)

En el primero de los artículos, públicos en Nature, los investigadores secuenciaron el genoma de 137 humanos que vivieron hace entre 1.500 y 4.500 años, esto es desde la Edad de Hierro hasta el Medievo. Y además, analizan los datos genéticos de 502 individuos actuales procedentes de distintas etnias de Asia Central, Altai, Siberia y el Cáucaso. El objetivo era entender cómo se pobló la Estepa y cómo se produjo el reemplazo de unas poblaciones por otras.

“Hemos visto que se produjo una transición gradual desde los grupos de pastores que habitaban en la Estepa en la Edad de Bronce y que procedían de poblaciones europeas, hacia grupos de guerreros que montaban a caballo y que tenían ancestros de Asia Oriental”, resume Peter de Barros Damgaard, antropólogo molecular del Museo de Historia Natural de Dinamarca.

Entre las poblaciones que han analizado, destaca la historia de los Escitas, un grupo de pastores nómadas de quienes hasta el momento no se sabía su origen. Algunas hipótesis consideraban que procedían de la región del Mar Negro y que desde allí conquistaron la Estepa. Mientras que otras apuntaban a que llegaron desde Siberia.

“Nuestros datos permiten reconstruir todo el cuadro y vemos claramente que se originaron en ambas áreas y que más que un grupo homogéneo, era una confederación de tribus guerreras, que venían de lugares distintos, tenían una historia distinta y se habían mezclado con poblaciones vecinas”, explica a Big Vang de Barros.

También han visto que la composición genética de la gente que vive hoy en día a lo largo de estos 8.000 km de praderas “se ha formado en los últimos 1.000 años. Eso implica que el pasado también se puede crear de forma muy tardía en la historia de la humanidad, lo que resulta fascinante y sorprendente”, destaca Willerslev.

El segundo artículo recogido en Nature se centra en los patógenos que portaban esos viajeros de la Estepa. A partir del análisis de los genomas antiguos del primer estudio y sumando el de 167 humanos de la Edad de Bronce, descubrieron que 25 de los 304 individuos que tenían en total portaban el virus de la hepatitis B, lo que, según los autores del trabajo, sugiere que este microbio con el que están infectadas 25 millones de personas hoy en día en el planeta y que solo en 2015 acabó con la vida de casi un millón de personas debido a complicaciones asociadas a la infección, afectó durante miles de años poblaciones de Eurasia.



La excavación Botai de 2015 recuperó uno de los pocos esqueletos humanos que se han encontrado en este yacimiento de los primeros cazadores-pastores que domesticaron al caballo. (Peter de Barros Damgaard)




Para dar con esta infección, los investigadores no solo analizaron el ADN de los restos humanos sino también el llamado “ADN basura”, secuencias del genoma que no son humanas y las que tradicionalmente no se les ha prestado atención. “Descubrimos en 2015 en otro trabajo el potencial del llamado producto de desecho y ahora lo rastreamos para buscar todos los virus y bacterias conocidos. En este nuevo estudio, el 10% de los humanos secuenciados portaban patógenos y la mitad tenía alguna infección oral”, apunta el genetista Willerslev, coautor de ambos estudios en Nature.

El virus de la hepatitis B que han hallado es el más antiguo hasta el momento” y “resulta muy interesante para responder cuestiones fundamentales de evolución y desarrollo de la enfermedad. Nuestro estudio ofrece un catálogo de posibles mutaciones de este virus que eran viables en el pasado y que podrían regresar”, añade.

“Lo que es interesante acerca del virus de la hepatitis es que hemos desmontado una idea establecida”, dice de Barros. Hasta el momento se creía que el virus se originó en África y que luego se expandió al resto del Globo con el comercio de esclavos. “Hemos encontrado una forma basal de las versiones víricas de África y Europa. La historia es justo al contrario: se originó en Europa y de allí se expandió al resto del mundo”.

También hallaron la bacteria de la peste en Asia Central, la forma basal de la infección que cientos de años después diezmaría a la población europea. La versión de la peste que han hallado es del año 200 d. C, un momento en que el incremento del comercio entre Europa y Asia se intensifica y hace que la bacteria Yersinia pestis viaje por la ruta de la seda.

En ambos estudios el caballo, aún sin haber sido objeto de investigación, resulta protagonista puesto que los dos trabajos demuestran cuán íntimamente ligada está la trayectoria humana al uso de este animal. Primero, como alimento. Los grupos de pastores nómadas en la Edad del Bronce temprana entran en Europa buscando nuevas tierras para que el caballo se alimente; al final de esta época con la invención del carro, se conecta Asia y Europa y se establecen las grandes rutas de comercio. Se pueden resolver distancias enormes que introducen, a su vez, las lenguas indoeuropeas a Asia del sur. Y eso cambia el paisaje, pero también las oportunidades de esos humanos.


Caballos Przewalski reintroducidos en la reserva Seer, en Khomiin Tal, Mongolia. (Claudia Feh, Association pour le cheval de Przewalski)

El uso del caballo lo que transformó las Estepas en una autopista, que más tarde resultó interesante dominar militarmente. Eso ocurre cuando empiezan a montar a los equinos, y los pastores pasan a ser guerreros con arcos y flechas. A medida que esas poblaciones empiezan a usar el caballo como arma de guerra, cambia la forma en que la Estepa es dominada”, resume de Barros.


Y precisamente la investigación recogida en Science arroja luz sobre la primera población de la que se tiene constancia que domesticó el caballo, los Botai, un grupo que vivió en la estepa entre el 5.150 y el 3.950 a. C. En este trabajo analizan 74 genomas completos humanos antiguos que van desde el Mesolítico -9.000 a. C- hasta la Edad Media, con los que consiguen arrojar algo de luz a cómo se expandieron las lenguas indoeuropeas y también, sobre el episodio de la domesticación del caballo.

“Tenemos pruebas irrefutables de que fueron los Botai los primeros que domesticaron caballos”, destaca el especialista en genoma antiguo Rui Martiniano, investigador de la Universidad de Cambridge y coautor de este estudio. Eso es interesante porque no habían domesticado ningún animal más. Por lo general, en esta época la mayoría de animales habían sido domesticados por grupos que ya tenían agricultura. Los Botai, en cambio, eran cazadores-recolectores. Otros ejemplos parecidos al de la domesticación del caballo es el del perro en el Paleolítico y el de los renos en Escandinavia. “En esos dos casos también la domesticación la realizaron grupos de cazadores, que están genéticamente muy relacionados con los Botai. Resulta muy interesante desde un punto de vista antropológico”, opina de Barros.

En esta época también se produjo la expansión de los Yamnaya de la Estepa occidental a Europa y Asia durante la Edad de Bronce temprana, sobre el 3.000 a. C. Hasta el momento se creía que su expansión trajo consigo las lenguas indoeuropeas y se pensaba que tal vez la cría de caballos. De hecho, en 2015 otro estudio ya apuntó que los Yamnai transmitieron las lenguas indoeuropeas durante el Neolítico tardío y la Edad del Bronce temprana. También se vio que esta población tuvo un impacto genético importante en Europa y que su expansión fue facilitada por el caballo.

“Quisimos saber si hubo algún contacto entre los Yamnai y los Botai, y también cómo se expandieron las lenguas indoeuropeas por Asia. Hasta ahora se creía que los Yamnai fueron los responsables de llevarlas a Anatolia y a Asia. Pero hemos visto que no es así”, afirma Martiniano.

Tras analizar los genomas descubrieron que no hay signos de mezcla entre Botais y Yamnais, y que los Botai son descendientes de una población ancestral de cazadores-recolectores que habían habitado en Siberia hacía más de 20.000 años. También vieron que los Botai no estaban relacionados con ninguna otra población con experiencia en domesticar animales.



Caballo salvaje de Przewalski en la reserva de reintroducción Seer, Mongolia. (Ludovic Orlando)

Respecto a las lenguas indoeuropeas, habladas en Europa pero también en la mayor parte de Asia y el norte de India, Pakistán, e Irán, observaron que si bien los Yamnai son los responsables de expandirlas en Europa, no fueron ellos los que las importaron a Anatolia y Asia oriental, sino que estas proceden de una migración posterior de poblaciones desde la Estepa.


“Para mí ha sido una sorpresa”, reconoce de Barros. “No fueron expandidas por una migración masiva que vino de Europa o de la región del Cáucaso, sino por procesos más tardíos culturales. No hay diferencias genéticas distinguibles entre las poblaciones que hablaban lenguas indoeuropeas en la Estepa y sus vecinos que hablan lenguas distintas. En muchas ciudades además convivían diversas lenguas”, añade.

“Desde hace 10 años podemos secuenciar genomas completos de poblaciones antiguas y es como tener una máquina del tiempo. Es totalmente revolucionario y está cambiando nuestra comprensión de la historia y la prehistoria”, concluye Martiniano.





Francisco Javier de la Uz Jiménez


7/5/18

BUQUE ESCUELA J S EL CANO
























JUAN SEBASTIÁN EL CANO
LA MILICIA NO ES MÁS QUE UNA RELIGIÓN DE HOMBRES HONRADOS



La Armada Argentina brindó apoyo a un tripulante del buque escuela español “Juan Sebastián de Elcano” que debió desembarcar a causa del fallecimiento de su padre. Su Comandante expresó en una emotiva carta su reconocimiento.
















Chevi Sr
XXX Promoción
Caballería

6/5/18

DIA DE LA MADRE























FELICIDADES A TODAS LAS MADRES


Esta es la mía, la mejor, como la tuya.
Trinidad Mondría Vendrell





Chevi Sr.