Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.


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12/2/18

PATRONA DEL MAR
























Ángel Cerdido Peñalver


NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DEL CARMEN

ORIGEN Y TRADICIÓN DE LA PATRONA DEL MAR

Virgen del Carmen”



      La advocación de la Virgen del Carmen, como Patrona de hecho de la Marina, tiene poco más de 200 años de existencia. Todo empezó siendo nombrada Patrona de la Armada Real en las postrimerías del siglo XVIII. Más tarde comenzó a ser denominada la “Virgen Marinera” en Cádiz en la Academia de Guardias Marinas, y el día 19 de abril de 1901 fue proclamada oficialmente Patrona de la Armada Española. Antes, cada ensenada y hasta casi cada playa tenían su devoción especial y prueba de ello es, que en los siglos XVI y XVII, los nombres de nuestros barcos mercantes o de guerra acaparaban todo el santoral; era rarísimo encontrar alguno con el nombre del Carmen. Como ejemplos citaremos: a la “Santísima Trinidad” y al “Glorioso” como navíos de línea, a la “Pinta”, la “Niña” y la “Santa María” como carabelas, o al “Victoria” como nao.
En la iconografía y santoral marineros son muchos los patronazgos y advocaciones marineras antiguas. En el Siglo V conocemos como Patrón de marinos y violinistas a San Erasmo, llamado también San Elmo (vulgarmente conocido como San Telmo), el de los resplandores de las naves en noches borrascosas cargadas de electricidad... “tenidos por fuegos fatuos y ánimas en pena”. El arte nos representa a este Santo con un barco en una mano, y el cirio simbólico del fuego fatuo en la otra.

San Erasmo de Formia también conocido como “San Elmo”, o vulgarmente como “San Telmo”



El fuego de San Telmo se observaba con frecuencia en los mástiles de aquellos barcos durante las tormentas eléctricas en el mar. En tales circunstancias, junto al olor a ozono y para mayor desasosiego de la tripulación, también se les alteraba en la “bitácora” la aguja de marear.
De igual forma Santa Bárbara y San Vicente Mártir han sido Patrones de pescadores y marineros, como Santa María de Cervelló en Cataluña, o el Santo Cristo de Finisterre en La Coruña, también conocido como el Cristo de Fisterra o da Barba Dourada. Y hablando de barbas, hasta San Lorenzo aparecía entre ellos, al que invocaban diciendo:

 “¡oh! San Laurencio, barbas de oro, dadnos viento, viento, viento…”

En el siglo XIII, parecía que, por la condición de pescador de oficio en el mar de Galilea de San Pedro, en él se iba a concretar la devoción unánime y el patrimonio general de las gentes del mar, pero quedó reducida a los gremios y cofradías marineras y pescadoras del Cantábrico. En el archivo de Simancas se conservan documentos sobre el particular: uno de doña Juana la Loca fechado el 12 de marzo de 1512, y otro del Emperador de 27 de marzo de 1527 confirmando los reglamentos y ordenanzas, que el cuatro de mayo de 1350 habían firmado en Bermeo las Cofradías de pescadores sardineros y regateros de la advocación de San Pedro.
 Sobre todos los citados, la que acaparó en todos los tiempos la devoción de la gente marinera fue la Virgen María, en especial la del Rosario que, en un principio y desde la batalla de Lepanto, fue la Patrona de lo que podríamos llamar la Marina Oficial.
La devoción a Nuestra Señora la “Estrella de los Mares”, fue siempre guía de navegantes. Y su Salve, una oración que se rezaba y se reza en todas las singladuras de sábado, fue la plegaria que se elevaba al cielo en el anochecer siempre incierto desde las naos, navíos y galeones que por aquel entonces navegaban por todos los mares bajo el pabellón de España.

“La Real”
La mayor galera de su tiempo y buque insignia de don Juan de Austria en la batalla de Lepanto de 1571. Se enfrentó en combate directo a la galera turca “Sultana” insignia de “Alí Pashá”. (Museo marítimo de Barcelona).


Nos cuentan que se rezaba mucho en los galeones. Por la mañana y por la tarde el capellán recitaba oraciones en cubierta y, a pesar de que las tripulaciones se formaban con personal de los bajos fondos de los puertos, y con malhechores que redimían sus penas con el remo, sabemos que todos se confesaban antes de subir a bordo.
“Quien no sepa rezar no se meta en la mar” decían.
Según las leyes de aquella época, a América solo podían ir los varones españoles y además, católicos. La excepción fue una mujer de armas tomar: doña Catalina de Erauso y Pérez Galarraga, que, después de haberse escapado de un convento dominico de San Sebastián el lunes santo del año 1603, en Sanlúcar de Barrameda y con ropa de hombre, embarcó de grumete en el galeón del capitán Esteban Eguiño, tío suyo y primo hermano de su madre, rumbo a las Antillas Mayores. Por sus posteriores andanzas en tierras americanas, popularmente se la conocía como la “Monja Alférez”
Cuando aún no había tomado cuerpo esta devoción marinera a la “Estrella de los Mares”, surgió con fervor apasionado, como ya hemos apuntado, la devoción a la Virgen del Rosario que, según la tradición, llevaba don Juan de Austria en su nave capitana “La Real”, dando la sensación de que la Virgen de Lepanto iba a centrar en su imagen todas las devociones del mar. “Galeona” llamaron a la imagen del Rosario. Pero no fue así:
En los espíritus marineros se adueñó la advocación al Carmelo, desplazando en cierta medida la devoción arraigada e inmemorial de las gentes del mar a las ánimas del Purgatorio. Esto trajo consigo la devoción a la Virgen del Carmen y su escapulario, abandonando a la de las ánimas, que enlazaba directamente con la idolatría pagana, y de la que aún existen reminiscencias en las cabezas de sierpe que rematan las cañas del timón de muchas embarcaciones y que, hasta hace poco, eran motivo decorativo del mascarón cuando no constituía el figurón de proa mismo. En general se denominaban “Bichos” a los arabescos de la amura de estos bergantines y goletas.
Aquel culto a las ánimas fue general a bordo y en la ribera y, al entrar la noche, se las invocaba con jaculatorias más propias de viejos cenobios que de barcos en plena mar, como bien refleja el testimonio que nos llegó de un viaje a la Nueva España en 1646.  En él nos cuentan que todas las noches después de las Avemarías, se sobrecogía el tímido pasaje al oír como un marinero con campanilla recorría la cubierta principal, desde el castillo de proa, a la toldilla de popa junto al timón, exclamando con voz triste y lamento de ultratumba: 

Muerte cierta,
Hora incierta.
Juez riguroso,
¡ay de ti perezoso!
¡Haz aquello que quieras
haber hecho cuando mueras!

Y por esta falsa devoción de las ánimas, como dijimos, llegó la del Carmelo:

A la Virgen del Carmen
Quiero y adoro,
porque saca las almas
del Purgatorio.

Cada treinta minutos el grumete cantaba la hora, dando la vuelta a un reloj de arena y recitaba en verso:
“Una va de pasada, y en dos muele; más molerá si mi Dios querrá; a mi Dios pidamos que buen viaje hagamos; y a la que es Madre de Dios y abogada nuestra, que nos libre del agua, de bombas y tormentas”
Al final gritaba dirigiéndose a proa:

¡Ah de proa! ¡Alerta y vigilante!

La” Flota de Indias”


La “Flota de Indias”, también llamada “Flota del Tesoro” o “La Española”, constituyó la esencia de la denominada “Carrera de Indias” que englobaba todo el comercio entre España y sus colonias.

La advocación Carmelitana se propagó finalmente por Cádiz, viéndose incrementada en el año 1719 con la fundación de la Real Compañía de Caballeros Guardias Marinas, reforzándose cuando se trasladó el Departamento Marítimo de Cádiz a San Fernando en 1769, y posteriormente en 1943 al trasladarse definitivamente la Escuela Naval Militar a Marín, en la orilla meridional de la ría de Pontevedra.
Como consecuencia de esta simpatía de los marinos por la Virgen del Carmen, la festividad oficial de la Marina de Guerra quedó establecida el 19 de abril de 1901, siendo ministro de Marina el XIII Duque de Veragua, almirante honorario de nuestra Armada don Cristóbal Colón de la Cerda y Gante, proclamándose a la Virgen del Carmen como Patrona por una Real Orden firmada por la Reina Regente de España doña María Cristina de Habsburgo-Lorena. 
Desde entonces, exceptuando los años de la República, la Marina Española en sus tres ramas: militar, mercante y pesquera, ha rendido tributo de amor y devoción a su Patrona la Virgen del Carmen cada 16 de julio.
También, por vez primera en la historia de la Escuela Naval Militar de Marín, el 16 de julio del año 2010 se celebró el día de la Patrona de la Armada, sin que se entonase en el acto oficial la famosa “Salve Marinera”. El himno no pasó la tijera de la censura impuesta por el gobierno de Zapatero, empeñado en borrar a golpe de decreto las tradiciones del seno de las Fuerzas Armadas. Gran atropello, pues el himno excede del ámbito religioso e incluso militar, siendo patrimonio de todas las gentes del mar.

Procesión de marineros y pescadores andaluces con la Virgen del Carmen


SALVE MARINERA
Salve, estrella de los mares,
De los mares iris de eterna ventura,
Salve fénix de hermosura
madre del Divino Amor.
De tu pueblo a los pesares
Tu clemencia dé consuelo
fervoroso, llegue al cielo
hasta Ti y hasta Ti nuestro clamor
Salve, Salve, estrella de los mares
Salve estrella de los mares
Sí, fervoroso llegue al cielo
y hasta Ti y hasta Ti nuestro clamor.
Salve, Estrella de los mares,
Estrella de los mares,
Salve, salve, salve, salve.

“Virgen del Carmen”, que todos los marinos de España surquen contigo el mar alborotado de este mundo, y bajo tu protección puedan arribar, felizmente, a las playas de la gloria; arribo feliz que para todos deseo.


Zaragoza febrero 2018

1 comentario:

Carmen dijo...

¡¡Viva la Virgen del Carmen!!